De ángeles y demonios
Es raro sentir que algo no está, después de que estuvo por tanto, tanto tiempo.
Expulsar aquello que come y come de ti, que te hace dar y dar tanto, sin recibir nada más que la mordida para la siguiente comida que te deja en completo vacío, suele ser doloroso porque uno puede creer que, esa situación se puede tolerar y se puede vivir con ello, porque claro, se da lo suficiente para que se mantenga allí.
Expulsar aquello que come y come de ti, que te hace dar y dar tanto, sin recibir nada más que la mordida para la siguiente comida que te deja en completo vacío, suele ser doloroso porque uno puede creer que, esa situación se puede tolerar y se puede vivir con ello, porque claro, se da lo suficiente para que se mantenga allí.
Albergando en las esquinas escondidas de las mazmorras del corazón que da tanto, se encuentra lo que come tanto: aquello que nunca estará satisfecho para dejar recibir a uno el alimento que realmente hace falta... Es entonces que mi alimento se lo doy a la alimaña que me hace creer que he de recibir de alguna otra parte. Se esconde entre quereres, entre ilusiones y flores marchitas de aquel que no tiene amor.
O mas bien, de aquél que ignora su conciencia.
La adicción a algo que parece que nos da algo, pero no nos da nada.
Se queda solo el fantasma de querer hacer lo que se hacía antes, que estuvo por tanto, tanto tiempo.
Es raro, sentir que no hay necesidad de obligarse a estar en el lugar donde no se quería estar de todas formas.
Se abren las puertas y ventanas del palacio para permitir entrar la luz a aquello que en su naturaleza es por sí mismo. Me permito tener el valor y el poder para Ser quién soy porque ninguna otra cosa puedo ser.
Es raro, no fingir cuando por tanto, tanto tiempo se entrega el cuerpo a la inalcanzable, tonta y burda ideología de cualquier otra persona para que pueda yo ser algo permitido a los ojos de los otros.
Expulsar aquello es vomitar eso que lo mantiene calientito en el oro del alma, alimentándose de la intención pura pero ciega e inocente: El oscuro demonio come deseo.
Es la gracia, de este raro sentimiento, lo que pone a descansar a este revolcado corazón.
Se queda solo el fantasma de querer hacer lo que se hacía antes, que estuvo por tanto, tanto tiempo.
Es raro, sentir que no hay necesidad de obligarse a estar en el lugar donde no se quería estar de todas formas.
Se abren las puertas y ventanas del palacio para permitir entrar la luz a aquello que en su naturaleza es por sí mismo. Me permito tener el valor y el poder para Ser quién soy porque ninguna otra cosa puedo ser.
Es raro, no fingir cuando por tanto, tanto tiempo se entrega el cuerpo a la inalcanzable, tonta y burda ideología de cualquier otra persona para que pueda yo ser algo permitido a los ojos de los otros.
Expulsar aquello es vomitar eso que lo mantiene calientito en el oro del alma, alimentándose de la intención pura pero ciega e inocente: El oscuro demonio come deseo.
Es la gracia, de este raro sentimiento, lo que pone a descansar a este revolcado corazón.
Comments
Post a Comment