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No es que antes no fuera como yo. Solo no era yo. Si eso fuese algo que debiera ser, no lo sería nunca, pues no es eso lo que soy.

No importa.

Puedo verme en el espejo; la misión de mi vida cumplida, una y otra vez mientras eternamente cambio de aspecto. ¿Cuántas veces van? Perdí la cuenta cuando recordé que no importa ni eso, ni mi nombre, mi equipaje o mi supuesta humanidad.

- Entonces no tengo idea de quién eres.
- Ni yo. - Respondí.
- Eres el demonio.
- ¿Qué es el demonio?


Nadie me contestó.
Ya no soy otra vez.
A veces me pierdo.

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