Twilight

Era la calma lo que se respiraba en los nuevos campos al sol del invierno, como en el verano el calor quemando la frente y el aire soplando a las espaldas. 
El florecimiento en pleno invierno era el final de la historia vieja que contaba sin cesar el loco de la cuadra una y otra vez sin juicio ni oficio. 

Hasta el loco se cansa. 

Ahora solo quedaba quedarse loco mientras se anda por los caminos de la existencia; por aquí, por allá. 
Era solo calma la que habitaba el corazón. 

Y sí; la tormenta en su tiempo llega con sus aguas a lavar la intención malaventurada en las tierras de los hombres, pero la silueta libre navegará gozosa, ahogada en emoción natural y bendita. 

"Uno" tiene la sensación de ser, solo porque siente que es. Asi pues, cree que es. Pero solo es Uno, una y otra vez, siendo quién cree ser para seguir siendo. Es la máscara que pasa inadvertida y se mete en una historia que no existe si es que se llega a ver, para pasar inadvertido a los ojos de los ciegos. 

Es una condena, cuando se mete en las entrañas de la percepción. Toma forma en lo que sea que quiso. Se vuelve algo, se vuelve importante; toma vida y control. En armonía, el "uno" está quieto, en silencio. Ha tomado su lugar, su forma en el cuerpo; solo el cuerpo. 

Y en el silencio, las flores en los campos se abrieron mientras todos dormían, cuando no hubo ni historia ni juicio; en el invierno del alma, cuando el loco cayó por el precipicio de su propio cuento. 


Fin.

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