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Desear ser alguna otra cosa que no fuese yo, en el pasado, fue, el anhelado tesoro.
La modificación de todo cuanto se pudo ser con la promesa de que el cielo cambiaría de color al abrir los ojos después de entregar la sangre y el hueso al fuego eterno.
Haber sido cualquier otra cosa en la existencia, era solo el falso deseo, el hambre que jodía las entrañas con los afilados dientes de quién se aferra a su presa para poder seguir en la vida, jadeando de pulso al respirar sin siquiera saber que se respira.
Es solo la naturaleza:
Sin medida, sin forma y sin razón que mantiene el cuerpo que me sostiene en definición.
Solo soy naturaleza, maleza de expresión.
En el fuego arde mi carne, sin memoria de lo que fue de ayer, sin memoria de lo que será mañana; es solo aquí, en el ardor de la eterna llama que veo a los ojos mis ojos, encendidos en nada.
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