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Ayer pensaba que todo anhelo habría de ser cumplido sólo porque así lo deseaba.
La flecha apuntada directamente al centro del cosmos, sin algo que pudiera impedir su paso, decidida a llegar a su destino contra viento y marea si fuese necesario; solo para cumplir su sueño.
A veces los sueños no tienen forma ni cara. Son solo emociones imaginadas, funciones químicas complejas arregladas para que puedan proveer un atisbo en el paladar de esa dosis perfecta, por la cual daríamos hasta la vida misma por 'tener en las manos'.
Se conquistan tierras enteras, se destruyen mil castillos, se sacrifican vidas y vidas, pensando en la dulce recompensa por llegar a la dichosa meta; el sueño.
Por ello hay seguidores; unos tienen que servir al soñador para que su sueño sea posible.
Es un decir.
Los sueños también dejan una cicatriz muy grande, a veces muy profunda, a veces superficial. Luego como que algunas no se ven mucho en la piel. A mi me sucedió que ayer cuando buscaba en el infinito el borde de la meta por la cual se basaba mi existencia, que justo cuando tocaba su fina silueta, desapareció ante mis ojos.
- ¿Es necesario hablar sobre la guerra, la pérdida, la herida?
- No.
- ¿Entonces porque sigues allí, hablando de ello?
- Por el tiempo, supongo.
La flecha apuntada directamente al centro del cosmos, sin algo que pudiera impedir su paso, decidida a llegar a su destino contra viento y marea si fuese necesario; solo para cumplir su sueño.
A veces los sueños no tienen forma ni cara. Son solo emociones imaginadas, funciones químicas complejas arregladas para que puedan proveer un atisbo en el paladar de esa dosis perfecta, por la cual daríamos hasta la vida misma por 'tener en las manos'.
Se conquistan tierras enteras, se destruyen mil castillos, se sacrifican vidas y vidas, pensando en la dulce recompensa por llegar a la dichosa meta; el sueño.
Por ello hay seguidores; unos tienen que servir al soñador para que su sueño sea posible.
Es un decir.
Los sueños también dejan una cicatriz muy grande, a veces muy profunda, a veces superficial. Luego como que algunas no se ven mucho en la piel. A mi me sucedió que ayer cuando buscaba en el infinito el borde de la meta por la cual se basaba mi existencia, que justo cuando tocaba su fina silueta, desapareció ante mis ojos.
- ¿Es necesario hablar sobre la guerra, la pérdida, la herida?
- No.
- ¿Entonces porque sigues allí, hablando de ello?
- Por el tiempo, supongo.
- Continua...
Sin sueños, sin metas, el error de cálculo por excelencia parece carecer de sentido.
Cualquier cosa es mejor que activar aquello en lo profundo que de repente recuerda, a la falta de actividad:
¿qué hago aquí? ¿quién soy? ¿Por qué estoy aquí?
Nadie se quiere quedar vacío de mundo, porque una vez vacío, el miedo se asoma como no queriendo, es quedarse en el desierto, solo, desvalagado. Sin sueños, sin metas, sin propósito, sin grupo primario, sin mundo, el tiempo parece carecer de total sentido. No valen para nada la pena, todas estas siluetas de humo que se hacen llamar vida.
Es una actitud de ensueño, que te lleva a la total apatía y a no querer jugar en el carnaval.
- Si te cansaste de este juego, bájate y sube a otro.
Es como si vinieramos juntos, haciendo fila para subir al mismo juego. Dependiendo de la espera, a veces en la línea se forman amigos o hasta familias enteras. Luego cuando por fin se sube al juego, unos pasaron primero, no se sentaron a lado, otros mejor se fueron a otro juego, otros se perdieron de vista.
En la infancia, jamás me dio por jugar a la casita.
Sin sueños, sin metas, el error de cálculo por excelencia parece carecer de sentido.
Cualquier cosa es mejor que activar aquello en lo profundo que de repente recuerda, a la falta de actividad:
¿qué hago aquí? ¿quién soy? ¿Por qué estoy aquí?
Nadie se quiere quedar vacío de mundo, porque una vez vacío, el miedo se asoma como no queriendo, es quedarse en el desierto, solo, desvalagado. Sin sueños, sin metas, sin propósito, sin grupo primario, sin mundo, el tiempo parece carecer de total sentido. No valen para nada la pena, todas estas siluetas de humo que se hacen llamar vida.
Es una actitud de ensueño, que te lleva a la total apatía y a no querer jugar en el carnaval.
- Si te cansaste de este juego, bájate y sube a otro.
Es como si vinieramos juntos, haciendo fila para subir al mismo juego. Dependiendo de la espera, a veces en la línea se forman amigos o hasta familias enteras. Luego cuando por fin se sube al juego, unos pasaron primero, no se sentaron a lado, otros mejor se fueron a otro juego, otros se perdieron de vista.
En la infancia, jamás me dio por jugar a la casita.
Aún asi, me sigo quemando por dentro, me quemo lento, en la hoguera febril que abre el corazón despierto.
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