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Aunque siga dentro de mi raya, siento como cada vez más la línea se va haciendo tan delgada que es difícil distinguir dónde está la otra. Es probable que también vaya junto con ellas hasta el punto de no ser distinguible.

Al menos sigo estando en delimitación dentro de un organismo denso que no puede desaparecer tan fácilmente. Bueno... hay opciones.

Pero el asunto no es desaparecer, si no el ansia de seguir amaneciendo una y otra vez cuando las rayas donde uno existe no conllevan a la estructura anterior. El movimiento es inminente, más la adaptación depende de cada cual.

No me adapto a no tener rostro, no resisto saber que no tengo delimitación y a pesar de eso sigo como caballo atado a una silla de plástico. No me adapto al cuerpo, que sigue y sigue en su forma y estado; mientras yo como gas sin rumbo solo disipo mi ser entre las líneas de todos mis cuerpos.

Eso es movimiento, ¿no?

Es el espacio inminente que ruge infinito en todo su vocablo, estadía en toda su nota; el ser que emite su ser, por lo tanto existencia... y entre tanta faramalla estoy yo, mientras todo se mueve, mientras todo exige, gira y habla constantemente, solo escucho y observo; en el espacio donde pienso que no hay movimiento, donde mi cuerpo que esta quieto, sigue moviendose.

Me pienso todos los días la existencia, tratando de ser aquí, pero el eterno error de cálculo sigue insistiendo en que debo moverme, seguir y hacer.

Tic Toc, Tic Toc.

- ¿Tienes miedo?
- Si.

El miedo que me agarra de las tripas y el pecho de saber que sigo existiendo en esta vasta fuente de interminable movimiento, donde todo es cuando nada es.

Abrazo la parte de mi cuerpo que puedo alcanzar con mis brazos, tratando de darle confort a una mente que piensa todo menos lo que de verdad es para alcanzar la tranquilidad del día a día, cuando no ve nada, cuando no siente nada, cuando no ve a nadie.

Cuando no hay nadie.


- ¿Te da miedo colorear sola?
- Si.
- Pero si lo has hecho así, desde hace mucho.
- Antes había voces conmigo.
- Y ¿qué soy yo, entonces?




El engaño de vivir acompañado es una gran cicatriz.

El mundo entero se desvive por compañía, por amor, por comprensión, por acompañamiento, por alguien; por sentir, sentir que se vive. La existencia regala todo, el cuerpo sentimiento y emoción. El engaño de preferencia.

La división conlleva la reconciliación de su opuesto.

Todavía sigo siendo aquí, sintiendo el ardor de las llamas atravesando mi cuerpo, pidiendo ser entregada, dada, fundida. Desde la mirada del animal en su hábitat, sería solamente comer, dormir, desechar, reproducirse, repetir. Al animal moderno, solo se le agrega el laborar. - REPETIR-


¿Qué es esto si no vida, la llama que ahora recorre mi ser?

Siento que me quema los órganos, la electricidad que pareciera me quita horas de vida, cada día.

Siento una gran, enorme despedida, que me voy, me voy, me voy.

Siento las lágrimas rodar por mi rostro.


No vale la pena siquiera. O, ¿si la vale?
- ¿De qué estás hablando, exactamente? 
- Adivina. 

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