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Una de las consecuencias de una de las cicatrices creadas es sentir que voy a morirme por salirme de la línea. En el Kinder 'la maestra Andrea' – Si es que ese era su nombre- me enseñó a que cuando coloreaba, tenía que mantenerme dentro de la raya del dibujo. Tenías que tener tu dibujo bonito para que te dieran una estrellita dorada y luego enseñarsela a tus papás y que te dieran cosas y amor por ello. Eso es, que 'colorees' dentro de la raya.

Ocupas mucha práctica para ajustar tus manos usando el crayón y atender a los bordes.

No te salgas de la raya.
Qué sutil es la enseñanza de la institución temprana. Queda implicado que si estas en la sociedad habrá que aprender sus formas, leyes y deberes. Por lo tanto, todos accedemos a ello, en gran medida, a regañadientes. Pero la regla no solo aplica en sociedad, si no también en pensamiento; así como en la jungla y otros lados.

Luego si uno se sale de la línea acá en la vida real, se vuelve unas cuantas veces, un meollo donde más que cualquier otra situación, catastróficamente ejemplificado, es el castigo mental por que tu dibujo, esta feo. Adiós comprensión y cariño, adiós grupo primordial donde sobrevivo.

Hola Herida.
Adiós vida.
- Papá, Mamá: Me salí de la raya.

Navegando después en otros mundos lejanos, en otros Kinders, en otros planetas, salirse de la raya es solo el 'error' que permite el andar a formas que atentan contra la vaga moralidad de la realidad, ansiosa segundo a segundo porque su pobre y débil forma está oscilando entre la vida y la muerte. No sobrevivirá si se cae. ¿No es acaso lo que sucede siempre? 

- ¿Cuántas rayas habrá que romper para ver la verdad entonces?
- Depende de cuantas líneas hayas creado y cuantas más creas que hay.

Me pregunto si sobreviviré al salirme de mi propia línea.

- Hay más libros.
- ¿Hay más líneas?
- Si.

De todas formas sigo dentro de la línea. Estoy coloreando, al final de cuentas, dentro de la línea. En la línea en la que quiera colorear.
Siempre se sigue coloreando dentro de líneas, siempre siempre; afuera y adentro y luego adentro de afuera; hay una tras otra. Es una peculiar sensación cuando el cuerpo está aparentemente quieto en un 'lugar', como si las piezas quisieran moverse a su espacio correspondiente pero no hay pieza alguna que acomodar... o piezas, siquiera.

- Es el tiempo, te digo.
- Ya me enfadé de eso.
- Sigue en la inquietud entonces.

Me siento molesta. Pensaba estar mal por todo aquello que mis manos crearon mientras coloreaban lo que creía y por ende creaba. Este espacio es demasiado lento para todo aquello que en mi existe, más hayá de la velocidad de la luz. Estar en tantos lugares a movimientos que difieren entre si podría llegar a ser algo molesto cuando se le olvida a uno abrir los ojos.

El mundo luego me molesta, me molesto yo, conmigo. Cuando me pierdo en mi, me desespero, me pierdo, otra vez, en un punto determinado que no atiende a los principios básicos del movimiento; pensando la existencia, pues.

Sigo siendo cuerpo, aquí.
La verdad es que ya no sé qué más colorear, de tanta espuma que de repente sube, de tanta existencia que de repente abruma, de tanta emoción y espacio libre. Del cuerpo cansado de colorear entre las líneas de las historias huecas del castillo de princesas, de la realidad entre las nubes.

Si, estuvo buena la caída, la guerra, la cicatriz.

¿Qué más hay? 

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